El masaje geriátrico es una técnica adaptada específicamente para adultos mayores, con maniobras suaves, presión moderada y tiempos pausados. Considera particularidades de la edad: piel más frágil, menor masa muscular, posibles patologías crónicas y necesidad emocional de contacto físico cuidado.
Adultos mayores autoválidos o con asistencia, personas con artrosis o artritis estables, post operatorios de cadera o rodilla (con autorización médica), o quienes necesitan acompañamiento corporal en su rutina de bienestar.
El masajista realiza una evaluación inicial: medicaciones, patologías, zonas a evitar. Las maniobras son suaves y la sesión más corta que un masaje convencional (30 a 45 minutos). Puede hacerse acostado, sentado o adaptado a las posibilidades de cada persona. El ambiente debe ser cálido y seguro.
Sí, con masajista formado en geriatría. Se evitan presiones profundas y zonas vulnerables. Siempre con autorización médica.
Sí, ayuda mucho a regular el sistema nervioso, mejorar el sueño y disminuir agitación. El contacto físico calmo es un gran recurso.
Entre 30 y 45 minutos. Sesiones más largas pueden cansar a la persona mayor.
Sí, es muy frecuente que el masajista vaya al hogar o residencia, especialmente para personas con movilidad reducida.
Una o dos veces por semana, según objetivo y necesidad. La constancia es más importante que la intensidad.
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