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El masaje ayurvédico proviene de la medicina tradicional de la India con más de 5.000 años de antigüedad. Trabaja sobre la idea de que cada persona tiene una constitución única (dosha: Vata, Pitta o Kapha) y que el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu se mantiene actuando sobre los puntos de energía vital llamados marma.
Personas con desequilibrios energéticos, cansancio crónico, problemas digestivos o de sueño. También quienes buscan un enfoque holístico que vaya más allá del alivio muscular puntual.
El masajista suele identificar tu dosha dominante con preguntas iniciales y elige aceites tibios específicos (sésamo, coco o mezclas medicadas). La sesión incluye maniobras largas y rítmicas sobre todo el cuerpo, presión en puntos marma y, según la modalidad, trabajo en cuero cabelludo. Dura entre 60 y 90 minutos. Es habitual sentirse desorientado al terminar: conviene descansar y tomar agua tibia.
No. Los efectos físicos (mejora circulatoria, relajación, suavidad de piel) se obtienen igual. El enfoque holístico es un plus si te interesa.
El calor abre los poros y permite mayor absorción del aceite medicado, además de relajar más rápido la musculatura superficial.
Sí, el sésamo deja residuo. Conviene ir con ropa que no te importe manchar y ducharte unas horas después para fijar los beneficios del aceite en la piel.
Una sesión puntual son 60-90 minutos. Un tratamiento ayurvédico tradicional puede extenderse 7 a 21 días con sesiones consecutivas.
Alivia tensiones superficiales pero no es un masaje descontracturante. Si tu objetivo es liberar contracturas profundas, conviene un descontracturante o terapéutico.
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